Londres con niños. Primera parte: consejos prácticos.

Veo con asombro (y lamentando mi mala memoria, debo decir…) que hace más de un año que no publico en el blog; y la verdad es que me da un poco de rabia dejar de escribir sobre lugares que hemos visitado, luego se me olvidan detalles que me gustaría compartir y en el peor de los casos puedo dar información desactualizada y no me gustaría;  así que me propongo firmemente irlo poniendo al día poco a poco. Debo decir a mi favor, no obstante, que también influye que hemos repetido lugares que nos gustan muchísimo. Por ejemplo a Illa de Arousa, a donde hemos vuelto de cámping varios veranos y donde espero desconectar también el año que viene.

Hoy os voy a contar nuestro viaje estrella de 2017: 6 días en Londres a finales del mes de junio. Hace muchos años que esta ciudad era uno de mis objetivos viajeros, y la verdad es que no era mi idea original ir sola con una niña. Pero si esperas a las circunstancias ideales nunca harás nada, así que empezamos a planearlo juntas. El primer paso fue pedirle a los Reyes Magos una hucha muy grande donde empezar a ahorrar para este proyecto. Después de 16 meses de ir metiendo cada semana billetes y monedas como hormiguitas (es un plan genial para enseñar a los peques a valorar el ahorro) rompimos la hucha y con lo que juntamos pudimos pagar el avión y el hotel.

Durante este tiempo leímos y leímos libros, guías (para adultos e infantiles, que también las hay; preguntad en vuestra biblioteca más cercana) y blogs para ir seleccionando los lugares que preferíamos visitar; porque si algo tiene Londres es una oferta turística increíble y casi infinita: museos, edificios históricos, parques, atracciones, barrios con personalidad, mercados… Nos quedaron muchas cosas sin ver, pero en fin, así tenemos la excusa para volver en el futuro.

Y gracias a las lecturas que hicimos fui dándole a mi hija referencias de aquellas cosas que íbamos a ver; tuve que irle contando historias, anécdotas, noticias, acontecimientos, cuentos y novelas relacionadas con Londres, porque, si no, ¿cómo iba a apreciar lo que tenía delante? En estos meses previos disfrutamos el ballet de Peter Pan, y así ver su estatua en el parque de Kensington tuvo otro sentido para ella. Vimos la película “Notting Hill” para ambientarnos antes de pasear por el mercado de Portobello. No es lo mismo visitar el teatro Shakespeare Globe después de haber visto “Shakespeare enamorado” (aunque le costara un poco seguir sus diálogos, llenos de cultismos y retórica). Y qué decir de Harry Potter: sus películas no quiso verlas, aún le dan miedo muchos de sus personajes; pero yo las vi todas y se las narré de principio a fin. Le expliqué quiénes eran Sherlock Holmes, Enrique VIII, el almirante Nelson, Kate Middleton, el oso Paddington, Charles Darwin y Charles Dickens, e incluso Jack el Destripador (sin entrar en muchos detalles). Quién era y por qué Inglaterra aún adora a Ladi Di, porque te la encuentras por toda la ciudad. Todo, evidentemente, adaptado a la edad y madurez que ella tiene (cada niño es único y hay que adaptarse a sus circunstancias). Hay tantas cosas que los adultos sabemos y que ellos van a descubrir allí… Y es muy bonito redescubrirlo con ellos.

En fin, paso a contaros otros detalles menos poéticos. Lo primero que descubrí al organizar nuestro viaje es que puedes volar a Londres a través de 5 aeropuertos distintos, nada menos. Nosotras llegamos al de Gatwick (comunicado con la ciudad por autobús y trenes a cada rato – nosotras fuimos en tren -) y volvimos desde el de Heathrow (al cual llegamos en metro tras un viaje de 70 minutos desde nuestro hotel). Ambos trayectos me parecieron cómodos y fáciles de organizar, sólo buscando en internet “cómo llegar a Londres desde el aeropuerto de...” encuentras decenas de consejos y enlaces útiles.

El medio de transporte que más utilizamos allí es el metro: rápido y llega a cualquier punta de la ciudad. En todas las estaciones tienes máquinas donde conseguir la tarjeta que te permite pagar el viaje y recargarla cuando lo necesites (con monedas, billetes o tarjeta bancaria). En este enlace hay más información. Yo cogí la Oyster (los menores de 11 años no pagan). La característica de estas tarjetas es que las pasas por una máquina al entrar y por otra al salir; así saben qué recorrido has hecho y te cobran en función del mismo. No os olvidéis de pasarla siempre a la entrada y a la salida, porque, si no, la siguiente vez que la pases tendrás una penalización económica. En total debí gastar unas 30 libras en este concepto.

El metro está muy bien organizado: hay planos a papel, indicaciones por todas partes y empleados muy amables. El único percance que tuvimos fue una ocasión en que nos equivocamos de línea. Yo creía que en cada andén sólo paraban los metros de una sola línea, y no es así: algunos andenes sirven para varias líneas, y tienes que fijarte en un panel luminoso que cuelga del techo para saber cuál es el próximo en llegar. No nos pasó nada, porque yo iba siguiendo en el mapa las paradas, y al ver que no se correspondían nos bajamos y volvimos para atrás. El metro pasa cada dos o tres minutos y enseguida recuperamos el tiempo perdido.

Otro medio de transporte muy atractivo y que funciona muy bien es el autobús. Los famosos buses rojos de Londres son un medio estupendo para moverte por allí y al mismo tiempo ir conociendo la ciudad y disfrutando sus vistas. Hay también autobuses específicos para turistas pero creo que no valen la pena. Aquí os dejo más información. Tenéis que probarlos alguna vez, aunque sea para subiros en algún lado y bajaros poco después, ¡a ver a dónde os lleva!

Los barcos por el Támesis también son una chulada. Fue una de las cosas que no nos dio tiempo a probar, pero que me hubiese apetecido hacer. Os dejo un enlace con información muy interesanteGracias a él podéis acercaros por ejemplo a Greenwich, donde visitar el famoso meridiano, el Observatorio y Planetario, el barco-museo Cutty Sark o el Museo Marítimo Nacional. Otra excursión que quedará pendiente para la próxima vez.

Bien, hasta aquí la primera parte de mis consejos viajeros. Próximamente más. ¡Hasta pronto!