Londres con niños. Tercera parte: lugares que visitamos.

Llegamos al fin a contar qué lugares visitamos en Londres. Como os comenté el otro día, en esta ciudad hay una oferta amplísima de actividades, diversión, ocio y cultura para todas las edades. Además hay muchas opciones gratuitas, así que podemos conseguir pasarlo bien sin gastar demasiado dinero. El único problema es escoger lo que más nos gusta en función del tiempo que tenemos.

En primer lugar os cuento las visitas y actividades gratuitas que hicimos:

  • Los museos de Londres: los mejores (en nuestra opinión) son gratuitos: la National Gallery, el Museo de Historia Natural, el Museo de Ciencia y Tecnología, el British Museum… No los vimos completos al cien por cien, sólo las zonas que más nos interesaban. Hay mapas en la entrada (y en la web) que te permiten saber dónde está aquello que quieres visitar. Yo me centré en lo que nos gustaba a las dos y así conseguí mantener el nivel de interés bien alto. Las tiendas de recuerdos son muy chulas, y si no os resistís a llevaros algo hay compras para todos los presupuestos.
  • Visitar barrios con mucho encanto: Notting Hill, con sus casitas de colores y el mercado de Portobello (los sábados por la mañana). Además de curiosear en los puestos y buscar la puerta de la librería de viajes de la película, hay muchos productos para comer mientras paseas por allí. También el barrio de Chinatown (que te hace sentir como si entraras en una película) y en Covent Garden su secreto mejor guardado: Neal´s Yard. Echad un ojo a algunas fotos.
  • Pasear por el parque de Kensington, dar de comer a los cisnes, patos y ardillas (se lanzan sin miedo a por los frutos secos que les ofrecíamos), fotografiarnos con la estatua de Peter Pan y jugar en el maravilloso parque infantil Diana Memorial (inspirado en el País de Nunca Jamás).
  • Acercarnos a mercados maravillosos como el de Covent Garden, donde los artistas callejeros actúan a todas horas.
  • Ver el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham. Se celebra a las 11:30, y es recomendable llegar pronto porque hay muuucha gente.
  • Cruzar los puentes más famosos de Londres, como el Millenium Bridge y el Tower Bridge (y esperar a ver si hay suerte y éste se abre para que pase un barco),
  • Fotografiarse delante del Big Ben (y esperar a que dé la hora) y del 10 de Downing Street, y fingir que llamas desde una típica cabina de teléfono.
  • Sentarse en Trafalgar Square a los pies de los leones de Nelson y disfrutar de los artistas callejeros y el bullicio de la gente.
  • Subir a lo alto de uno de los rascacielos más bonitos de Londres: el Sky Garden. Tiene 36 pisos y en lo más alto hay un jardín increíble y una terraza con unas de las mejores vistas de la ciudad. Y, si queréis, una cafetería donde tomar un piscolabis mientras descansáis. La entrada es gratis y sólo debéis reservarla online (se pueden reservar hasta con 3 semanas de antelación, ¡pero rápido que se acaban pronto!).
  • Además de los mercados, que son una auténtica pasada, visitamos también muchas tiendas que nos gustaron muchísimo. La entrada es gratis, claro está, pero seguro que os dejáis aquí alguna que otra libra. Por ejemplo la juguetería Hamley´s (7 maravillosas plantas de juguetes para todos los gustos, con un montón de demostraciones en vivo por parte de sus amables empleados); la M&M´s World (3 pisos donde comprar desde miles de variedades de estas golosinas hasta cualquier cosa que se te ocurra con su logotipo: ropa, toallas, tazas, pendrives…); no podía faltar Harrods, imprescindible para cualquier amante de las compras (de allí volvimos con una de sus típicas bolsas de hule para mí y una mochila de tela para ella; pero sólo pasear y disfrutar del lujo que allí se exhibe es un placer para los sentidos). Y otra visita que recomiendo es a la librería Foyles, en Charing Cross (la calle donde parecen concentrarse todas las librerías londinenses). Dicen que es de las más antiguas de Londres y una de las más grandes del mundo. Después de disfrutar de las maravillas que se reparten por sus 6 plantas, nos compramos un precioso ejemplar de Peter Pan que leeremos con calma (y con un diccionario cerca).

Y por último os cuento qué lugares visitamos en los que cobraban entrada:

  • La Torre de Londres: fue el lugar que más nos fascinó a las dos, sin duda lo aconsejamos a cualquiera que visite esta ciudad. Fue residencia real, fortaleza, prisión… Allí vimos las joyas de la Corona, sus famosos beefeater y sus cuervos, su exposición de armas de todas las épocas…
  • El zoo. Los niños disfrutan allí muchísimo, es natural ¡les encantan los animales! Aunque a mí siempre me dio penita verlos privados de su libertad. Si os gustan los zoos, allí veréis tigres, leones, hipopótamos, camellos, orangutanes, unas espectaculares mariposas… y lo que más nos fascinó a nosotras: las jirafas. Estuvimos cerquísima de ellas y en verdad son unos animales maravillosos.
  • Las catedrales de San PabloWestminster. En la primera subimos los 250 escalones que nos llevaron a recorrer la misteriosa cúpula de los suspiros, y en la segunda nos admiramos con la profusión de tumbas de afamada gente que allí vimos.
  • La London Eye: me pareció carísima, casi 50 libras las dos. Claro que es una experiencia única, con unas vistas excepcionles y a mi hija le hacía muchísima ilusión, así que no me quedó otra que ceder. Valoradlo.
  • Museo del Puente de Londres: igual si no hubiera estado incluido en la London Pass no hubiésemos entrado, pero al salir nos alegramos de haberlo hecho: allí descubrimos cómo funcionaba el sistema de elevación del puente y un poco de su historia. A los niños les regalaron un librito con pasatiempos relacionados con el puente y lo mejor fueron las increíbles fotos que sacamos pisando el suelo de cristal mientras veíamos pasar bajo nuestros pies el tráfico del puente. Alucinante.
  • El teatro Shakespeare’s Globe, una réplica exacta del que existía en tiempos del genial dramaturgo. Hay visitas guiadas por unas 23 libras (1 niño y 1 adulto), pero por unas 12 libras compré online entradas para ver Romeo y Julieta (eso sí, de pie) ¡y fue una experiencia muchísimo mejor! a pesar de no comprender todos los diálogos nos sentimos transportadas a otra época. Un detalle: vimos Shakespeare in love en casa antes de salir para Londres, y eso lo hizo aún más divertido.
  • Visitar los estudios donde se rodaron las películas de Harry Potter. No se encuentran en Londres, si no en Leavesden, a unos 32 km. Hay mil opciones para visitarlo, desde ir por tu cuenta o contratar un paquete con todo incluido. Nosotras cogimos todo por internet, primero las entradas y luego los billetes de tren. Me gustó la organización, cogí todo para una hora en concreto pero para evitar problemas debidos a imprevistos nos presentamos con bastante antelación, tanto al tren como en los estudios, y no nos pusieron ningún problema. Os chiflará si sois unos fanáticos de Harry Potter, tanto de los libros como de las películas. Nosotras lo pasamos fenomenal.

Bueno, espero que con todos estos consejos os animéis a visitar Londres; nosotras queremos volver en un futuro no muy lejano y visitar algunos lugares que nos quedaron pendientes, ¡e incluso revisitar alguno que nos chifló! Pronto volveré a escribir con más excursiones y viajes. ¡Hasta la próxima!

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Londres con niños. Segunda parte: más consejos prácticos.

Continuamos escribiendo sobre nuestro viaje a Londres con más consejos que nos resultaron útiles.

Para encontrar alojamiento os imaginaréis que hay miles de opciones, como es normal. Podéis alojaros en un apartamento o casa particular o en un hotel, en función de cuántas personas vayáis una opción será más cómoda que otras. Nosotras escogimos hotel, y tuve mucho en cuenta las opiniones de otros viajeros que ya se alojaron allí; además me fijé en que hubiera una boca de metro muy cerca: al final del día acabamos agotadas, ¡y cargar con un peque hasta la habitación te deja fuera de combate! Os aconsejo buscar con tiempo, al menos 3 meses antes, si queréis tener buenas opciones, lo mejor se acaba pronto y Londres es un destino muy demandado. Buscad alojamientos con cancelación gratuita o con el menor coste posible si tenéis que anular.

A la hora de comer os cuento cómo nos organizamos:

  • Los desayunos eran en el hotel; teníamos bufé libre y así mi hija se animó a probar el típico desayuno inglés con huevos, bacon, salchichas y demás. Nos tomábamos esta comida con calma para coger fuerzas para patear la ciudad.
  • Luego a mediodía hacíamos una comida ligera: en todos los sitios que visitamos hay zonas donde comer lo que tú llevas: bancos, mesas con sillas, etc; incluso en los parques ves a mucha gente sentada en el césped comiendo un sándnwich o una ensalada. En algunas ocasiones compramos en algún puesto callejero un perrito caliente, un bágel (unos bocadillos de pan redondo y con un agujero en el centro) o un bocata; y en otras lo compramos en alguna tienda de una cadena llamada Pret A Manger. Tienen una buena y asequible variedad de sándwiches, ensaladas, macedonias y comida para llevar (o comer allí mismo, pero te cobran un poco más) y tienes un montón de establecimientos por todas partes. También se pueden encontrar sándwiches en otra cadena llamada Boots (esta tienda está bien tenerla localizada; aunque no tiene tanta variedad de comida, sí encuentras ofertas especiales, además de que es parafarmacia, vende cosméticos y medicamentos que no necesitan receta, entre otros productos).
  • Y por último las cenas nos las tomamos con más calma: un día cenamos en Wagamama (una cadena de restaurantes japoneses donde hay mucho más que sushi, con menú para niños incluido); otro en Pizza Hut; otro en un fish&chips (hay que probarlo); otro en un restaurante en Chinatown (hay un montón, y todos tienen fuera el menú y los precios); y por último en Nando’s, otra cadena de comida de inspiración africana especializada en el pollo asado (recomendación importante: pedirlo sin NADA de picante, la receta original ya pica lo suficiente). A mi hija le hizo gracia probar por primera vez una mazorca de maíz asada. Todos estos restaurantes son bastante económicos, y además el agua es gratis en todos los locales de restauración (excepto si la queréis de botella, nosotras pedíamos “un vaso de agua”) así que no gastamos demasiado en este apartado.

No olvidéis incluir fruta variada en desayunos y meriendas.

Otro consejo que quiero daros es que planifiquéis bien las visitas que queréis hacer; decidid en casa que lugares visitaréis cada día y tened planeado cómo llegar hasta ellos. Londres es muy grande y hay muchísima gente, tanto turistas como habitantes. Si os organizáis en casa con calma os sobrará tiempo para no ir agobiados ni con prisas, y además os permitirá pararos más tiempo en los sitios que más os gusten.

Mirad además los horarios de todo lo que vayáis a visitar: muchos lugares cierran bastante pronto (a las 17 h o similar) e incluso cerrando a las 17 h no dejan entrar a nadie a partir de las 16 h, por ejemplo. Visitad la página web de cada atracción para aseguraros del horario, y visitad estos sitios en primer lugar. Y los que cierren más tarde los dejáis para después de la merienda. Muchas tiendas que queríamos ver cerraban tarde, así que eran nuestra última visita del día.

Cuando hayáis hecho una selección de los lugares a visitar, mirad cuáles son gratuitos y cuáles de pago. En estos últimos calculad cuánto os costarían las entradas para todos y luego buscad si os compensa (no siempre es así) haceros con alguna tarjeta para turistas: por ejemplo la London Pass. Pagas una cantidad que varía en función de cuántos días la quieras usar, y durante esos días entras en todas las atracciones o lugares de interés que quieras (o te dé tiempo…). Se puede hacer en la oficina que hay en Londres; o mejor aún online en tu casa, te la descargas en el móvil y la enseñas al pasar por taquilla. También existe la BIG London Ticket; una entrada para 4 atracciones que puedes usar en varios días. En fin, hay que tener claro qué se quiere visitar y mirar ofertas; lo importante es que no paguéis de más. Nosotras compramos la London Pass de 2 días; durante ese tiempo nos levantábamos prontísimo para llegar a primera hora a todo, y nos dedicamos en exclusiva a entrar en aquellos lugares incluidos en la tarjeta. Y el resto de atracciones los dejamos para otros días. A nosotras nos compensó, pero no siempre es así. Miradlo bien en casa antes de salir.

Dejo pendiente para un próximo post comentaros los lugares que hemos visitado en Londres; espero daros muchas ideas interesantes para quienes estéis planeando conocer esta maravillosa ciudad. ¡Hasta pronto!

Londres con niños. Primera parte: consejos prácticos.

Veo con asombro (y lamentando mi mala memoria, debo decir…) que hace más de un año que no publico en el blog; y la verdad es que me da un poco de rabia dejar de escribir sobre lugares que hemos visitado, luego se me olvidan detalles que me gustaría compartir y en el peor de los casos puedo dar información desactualizada y no me gustaría;  así que me propongo firmemente irlo poniendo al día poco a poco. Debo decir a mi favor, no obstante, que también influye que hemos repetido lugares que nos gustan muchísimo. Por ejemplo a Illa de Arousa, a donde hemos vuelto de cámping varios veranos y donde espero desconectar también el año que viene.

Hoy os voy a contar nuestro viaje estrella de 2017: 6 días en Londres a finales del mes de junio. Hace muchos años que esta ciudad era uno de mis objetivos viajeros, y la verdad es que no era mi idea original ir sola con una niña. Pero si esperas a las circunstancias ideales nunca harás nada, así que empezamos a planearlo juntas. El primer paso fue pedirle a los Reyes Magos una hucha muy grande donde empezar a ahorrar para este proyecto. Después de 16 meses de ir metiendo cada semana billetes y monedas como hormiguitas (es un plan genial para enseñar a los peques a valorar el ahorro) rompimos la hucha y con lo que juntamos pudimos pagar el avión y el hotel.

Durante este tiempo leímos y leímos libros, guías (para adultos e infantiles, que también las hay; preguntad en vuestra biblioteca más cercana) y blogs para ir seleccionando los lugares que preferíamos visitar; porque si algo tiene Londres es una oferta turística increíble y casi infinita: museos, edificios históricos, parques, atracciones, barrios con personalidad, mercados… Nos quedaron muchas cosas sin ver, pero en fin, así tenemos la excusa para volver en el futuro.

Y gracias a las lecturas que hicimos fui dándole a mi hija referencias de aquellas cosas que íbamos a ver; tuve que irle contando historias, anécdotas, noticias, acontecimientos, cuentos y novelas relacionadas con Londres, porque, si no, ¿cómo iba a apreciar lo que tenía delante? En estos meses previos disfrutamos el ballet de Peter Pan, y así ver su estatua en el parque de Kensington tuvo otro sentido para ella. Vimos la película “Notting Hill” para ambientarnos antes de pasear por el mercado de Portobello. No es lo mismo visitar el teatro Shakespeare Globe después de haber visto “Shakespeare enamorado” (aunque le costara un poco seguir sus diálogos, llenos de cultismos y retórica). Y qué decir de Harry Potter: sus películas no quiso verlas, aún le dan miedo muchos de sus personajes; pero yo las vi todas y se las narré de principio a fin. Le expliqué quiénes eran Sherlock Holmes, Enrique VIII, el almirante Nelson, Kate Middleton, el oso Paddington, Charles Darwin y Charles Dickens, e incluso Jack el Destripador (sin entrar en muchos detalles). Quién era y por qué Inglaterra aún adora a Ladi Di, porque te la encuentras por toda la ciudad. Todo, evidentemente, adaptado a la edad y madurez que ella tiene (cada niño es único y hay que adaptarse a sus circunstancias). Hay tantas cosas que los adultos sabemos y que ellos van a descubrir allí… Y es muy bonito redescubrirlo con ellos.

En fin, paso a contaros otros detalles menos poéticos. Lo primero que descubrí al organizar nuestro viaje es que puedes volar a Londres a través de 5 aeropuertos distintos, nada menos. Nosotras llegamos al de Gatwick (comunicado con la ciudad por autobús y trenes a cada rato – nosotras fuimos en tren -) y volvimos desde el de Heathrow (al cual llegamos en metro tras un viaje de 70 minutos desde nuestro hotel). Ambos trayectos me parecieron cómodos y fáciles de organizar, sólo buscando en internet “cómo llegar a Londres desde el aeropuerto de...” encuentras decenas de consejos y enlaces útiles.

El medio de transporte que más utilizamos allí es el metro: rápido y llega a cualquier punta de la ciudad. En todas las estaciones tienes máquinas donde conseguir la tarjeta que te permite pagar el viaje y recargarla cuando lo necesites (con monedas, billetes o tarjeta bancaria). En este enlace hay más información. Yo cogí la Oyster (los menores de 11 años no pagan). La característica de estas tarjetas es que las pasas por una máquina al entrar y por otra al salir; así saben qué recorrido has hecho y te cobran en función del mismo. No os olvidéis de pasarla siempre a la entrada y a la salida, porque, si no, la siguiente vez que la pases tendrás una penalización económica. En total debí gastar unas 30 libras en este concepto.

El metro está muy bien organizado: hay planos a papel, indicaciones por todas partes y empleados muy amables. El único percance que tuvimos fue una ocasión en que nos equivocamos de línea. Yo creía que en cada andén sólo paraban los metros de una sola línea, y no es así: algunos andenes sirven para varias líneas, y tienes que fijarte en un panel luminoso que cuelga del techo para saber cuál es el próximo en llegar. No nos pasó nada, porque yo iba siguiendo en el mapa las paradas, y al ver que no se correspondían nos bajamos y volvimos para atrás. El metro pasa cada dos o tres minutos y enseguida recuperamos el tiempo perdido.

Otro medio de transporte muy atractivo y que funciona muy bien es el autobús. Los famosos buses rojos de Londres son un medio estupendo para moverte por allí y al mismo tiempo ir conociendo la ciudad y disfrutando sus vistas. Hay también autobuses específicos para turistas pero creo que no valen la pena. Aquí os dejo más información. Tenéis que probarlos alguna vez, aunque sea para subiros en algún lado y bajaros poco después, ¡a ver a dónde os lleva!

Los barcos por el Támesis también son una chulada. Fue una de las cosas que no nos dio tiempo a probar, pero que me hubiese apetecido hacer. Os dejo un enlace con información muy interesanteGracias a él podéis acercaros por ejemplo a Greenwich, donde visitar el famoso meridiano, el Observatorio y Planetario, el barco-museo Cutty Sark o el Museo Marítimo Nacional. Otra excursión que quedará pendiente para la próxima vez.

Bien, hasta aquí la primera parte de mis consejos viajeros. Próximamente más. ¡Hasta pronto!

 

Las Médulas (León).

Desde el Mirador de Orellán

Las Médulas, la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio Romano. Hacía muchísimos años que quería visitarla, antes ya de que naciera la peque. Pero por motivos de distancia y por hacer otras excursiones también muy deseadas, lo fui aplazando. Este invierno, ante la sugerencia de una amiga a quien también le apetecía mucho, fuimos con las niñas.

Llegada

No tuvimos ningún problema para llegar hasta allí, en la carretera encontramos varias señales que nos guiaron. Y, al irnos acercando, la montaña se nos apareció en todo su esplendor. ¡Qué magnífica es! Está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Aparcamos en el Centro de Recepción de Visitantes, porque nuestra idea era solicitar una visita guiada. Habíamos llamado previamente al centro desde casa para asegurarnos de tener un grupo con el cual ir. Y no nos arrepentimos en absoluto, la guía nos contó muchas historias interesantes, nos explicó por dónde podíamos pasar (o a dónde mejor no acercarnos) y paseamos con la seguridad de no perdernos. De todas formas, en el centro te facilitan mapas y suficiente información para quien prefiera ir por su cuenta, y nos pusieron un vídeo para visualizar la mina en tiempos de los romanos y conocer el proceso de extracción del oro, llamado ruina montium.

Las Médulas

La guía, muy amable y paciente, nos fue explicando por el camino todo lo que íbamos viendo. Nos relató cómo los romanos (más bien los lugareños, esclavizados) excavaron galerías en la montaña e introdujeron por ellas (en tromba) agua almacenada en grandes depósitos. Esto rompía la montaña y la deshacía, de forma que después les era muy fácil recuperar el oro. El agua se fue acumulando y originó humedales y lagos como el de Carucedo, un lugar rodeado de leyendas.

Por el camino pudimos observar la extraña y fantasmagórica vegetación del lugar. Es un paraje muy peculiar, con sus árboles centenarios de extrañas formas y sus colores anaranjados. Recorrimos sus estrechos senderos, admirando las galerías y cuevas creadas por la acción del hombre. Todo allí tiene mucho encanto y misterio.

Árboles

La visita duró más o menos una hora y media, y el recorrido que hicimos fue circular, así que acabamos de nuevo en el Centro de Visitantes. Después fuimos a comer a uno de los restaurantes cercanos al Centro, que hay varios y tienen menú del día. Hay diferencias de precios, así que escogimos uno adecuado a nuestro presupuesto y que ofrecía recetas locales. Y quedamos encantadas.

Por la tarde nos acercamos hasta el Mirador de Orellán. Desde allí se disfrutan las mejores y más amplias vistas de Las Médulas, como podéis ver en la primera de las fotos. Está cerca y bien señalizado; hay que aparcar el coche en la zona indicada y caminar un poquito, unos quinientos metros, para llegar hasta él. ¡Os aseguro que vale bien la pena!

Artículo muy interesante sobre los beneficios de viajar con niños.

cartelHe leído estos días un artículo muy interesante sobre el tema central de este blog. En él, la psicóloga Sara Tarrés Corominas nos habla sobre los beneficios de viajar con niños; Sara es la autora del popular blog “Mi mamá es psicóloga infantil“, que también se puede seguir a través de facebook.

Como yo también estoy convencida de que los viajes, ya sean cortos o largos, proporcionan a los niños experiencias inolvidables, abren nuestra mente y nos vuelven tolerantes, crean vínculos muy especiales entre padres e hijos y ayudan a las familias a solucionar los pequeños imprevistos que se nos presentan día a día, os recomiendo que lo leáis para contar con el punto de vista de esta madre y gran profesional.

Como la página donde estaba publicado ha desaparecido (no sé si ya se ha cancelado ó es por culpa de los duendes de Google…) os lo reproduzco tal cual de la copia que tengo guardada.

Durante el verano y las vacaciones estivales muchos de nosotros aprovechamos para viajar, ya sea para conocer nuevos lugares o bien para volver al pueblo de nuestros padres o abuelos. Unos viajamos lejos, otros más cerca, unos lo hacemos en avión, otros en tren o bien en coche, puede que incluso tengamos la oportunidad de hacer un crucero. ¡Qué emocionante! Sea como sea que viajemos y sea donde sea donde vayamos, estos viajes cortos o largos, aportan a nuestros hijos valiosas oportunidades de desarrollo y crecimiento personal.

Viajar, cambiar de aires, de rutinas y romper con la monotonía del día a día nos sienta bien a todos (o a casi todos), no cabe duda. Irnos unos días fuera nos permite desconectar, aliviar la tensión del trabajo y de la casa, ver las cosas con otros ojos y oxigenarnos. Y claro está, a los niños también les sienta bien, no son una excepción. Viajar con ellos es una experiencia muy positiva siempre que lo tengamos todo muy bien pensado y planificado. Pero dejando de lado todos los temas organizativos y de logística, de lo que podemos hablar en otra ocasión, hay que mencionar los múltiples beneficios que les puede aportar viajar si consideramos estos viajes como una oportunidad para reforzar nuestros vínculos familiares, para su formación y aprendizaje.

Entre los múltiples beneficios que puede aportar a nuestros hijos viajar cabe mencionar que viajar les permite desarrollarse social y emocionalmente por varias razones, generando nuevas actitudes hacia la vida y hacia los demás. Las razones a las que me refiero son:

A) La posibilidad que viajar proporciona de vivir:

experiencias inolvidables.
de conocer nuevos lugares, personas y modos diferentes de hacer las cosas.
de reencontrarse con amigos y/o familiares.

B) Porque viajar y conocer otras realidades:

Propicia el desarrollo de un pensamiento más racional, reflexivo y crítico.
Posibilita la adquisición de nuevos valores y habilidades emocionales y sociales.
Aumenta la capacidad de observación.
Fomenta su espíritu aventurero y explorador, aumentando su interés y curiosidad natural por conocer nuevas cosas, lugares, personas y las historias que les rodean.

C) Las diferentes experiencias y situaciones que a lo largo del viaje se pueden dar también les ayudará en el aprendizaje de ser más pacientes, tolerantes y flexibles (aunque al principio les cueste un mundo).

Al entender los viajes de este modo, como una oportunidad para el desarrollo de nuestros hijos, quizás muchos padres que por temor a lo que pueda ocurrir no se han atrevido todavía a viajar con sus pequeños, vean ahora con otros ojos esta posibilidad.

Viajar con nuestros niños es, sin duda, una experiencia muy agradable y positiva que va mucho más allá de los días en los que viajamos. Perdurará para siempre al crear experiencias y memorias inolvidables. por lo que vale la pena intentarlo.

Dentro de las posibilidades de cada uno ¡viajad! ¡conoced sitios nuevos! Ya sea en coche, autobús, tren, bicicleta, andando o leyendo libros de viajes. Conoced sitios nuevos, explorad, aprended juntos. Es el mejor recuerdo que podéis dejar a vuestros hijos.